El problema de la alimentación o, mejor dicho, de una incorrecta alimentación afecta a todos los alumnos. Siempre pensamos que los trastornos alimenticios son la anorexia, la bulimia o la obesidad, y que el porcentaje de alumnos que los padecen es relativamente bajo. Puede ser así, o puede que nos lo parezca por haber desaparecido como noticias en los medios de comunicación. Lo cierto es que en el día a día, los profesores observamos que, sin ser tan graves como los expuestos anteriormente, se producen con más frecuencia de la necesaria. Muchos días nos encontramos con alumnos que a las 10:30 nos comentan que no se encuentran bien (dolores de estómago o pequeños mareos). Cuando preguntamos si han desayunado muchos contestan que no y solemos mandarlos al comedor a que tomen un vaso de leche y algunas galletas. Los trastornos alimenticios van mucho más allá de la anorexia, bulimia u obesidad.
Vamos a hacer una revisión de la jornada normal de nuestros hijos-alumnos.
En secundaria comienzan la jornada a las 8:30, por lo tanto desayunan en torno a las 8:00. Tienen tres sesiones hasta el recreo que es el momento en el que pueden reponer fuerzas y siguen la jornada hasta las 13:30 para llegar a la comida a las 14:30 aproximadamente. Durante un periodo de trabajo intenso y exigente de 6 horas y media muchos se mantienen con lo que hayan tomado en el desayuno y durante el recreo. Habría que añadir que el proceso biológico de crecimiento y desarrollo en el que se ven inmersos a estas edades es brutal.
Si el desayuno no ha sido suficientemente fuerte y durante el recreo sólo toman una bolsa de patatas fritas o un bollo, nos encontramos con un déficit energético que repercute negativamente en su rendimiento escolar. La cosa mejora a partir de la comida (14:15) hasta la merienda (18:00) y la cena (21:30) donde la relación entre ingestas y trabajo es más racional.
Hago desde aquí un llamamiento a vigilar los hábitos alimenticios con especial hincapié en el desayuno, así como a observar posibles síntomas de trastornos: pérdida significativa de peso, mareos y todo aquello que pueda indicar que algo no va bien.
Lo aconsejable sería hacer 5 comidas al día:
Desayuno: algo más que un triste vaso de leche (galletas, tostadas, cereales...)
Recreo: bocadillo, piezas de fruta.
Comida: variada: legumbres verduras, pescado, pasta, carne y fruta.
Merienda: bocadillo y fruta.
Cena: verdura, pescado, fruta y con poca relevancia de fritos.
Para terminar, sería interesante informarnos sobre qué se considera una dieta sana y equilibrada, pero esto lo dejamos para una próxima entrada.





