martes, julio 09, 2013

Exámenes y notas




Una de las mayores preocupaciones de padres, hijos y profesores son las notas. Desde hace tiempo vengo observando que este asunto obsesiona a todos. A veces ocasiona disgustos, enfados, castigos y unas cuantas cosas más. Las notas son importantes porque transmiten información de cómo va el alumno, pero en muchas ocasiones el "numerito" que aparece no nos deja ver con claridad. Así, si un padre ve un 8 (notable) o un 9 (sobresaliente) da su aprobación a su hijo porque estima que es un buen estudiante y los resultados lo constatan aunque en la casilla de actitud aparezca "P" (pasiva) y, por el contrario, de nada sirve una "B" (Buena) si va acompañado de un 4 (Insuficiente).

A la hora de interpretar las calificaciones deben tenerse en cuenta ambos aspectos y no sólo el numérico, porque lo interesante es que crezcan en conocimientos y en su formación como personas. Es por ello que debemos hacer un seguimiento del proceso de nuestros hijos y no esperar a las notas para interpretar con un resultado si su evolución está siendo positiva o no.

En esa obsesión por los resultados, que en muchas ocasiones parece una competición entre padres para ver qué hijo saca más sobresalientes, los exámenes juegan un papel crucial (es como si se examinasen los propios padres). Para muchos es la única finalidad de la escuela: Hacer exámenes que certifiquen en qué condiciones está el niño. Los exámenes son pruebas desarrolladas en un momento específico y generalmente inamovible que no contemplan la situación física, psicológica o emocional del alumno ese día concreto; tampoco tienen en cuenta las inseguridades a la hora de plasmar en un papel sus conocimientos. El miedo al error, que se interpreta como fracaso irrecuperable, agarrota al alumno que en innumerables ocasiones sabe más de lo que es capaz de expresar en un folio en blanco. Los padres sólo ven esas pruebas, pero el profesor ve y vive día a día las acciones del alumno dentro del aula, en los pasillos o en el patio de recreo; por eso cuando otorga una calificación no está transmitiendo el resultado de un examen sino toda la información acumulada a lo largo de un trimestre.

Así pues, que ningún padre se asombre si la nota final de su hijo no coincide exactamente con la calificación del examen o con una media aritmética porque la correcta evaluación es continua y formativa y esto significa evaluar cada día y hacerlo sobre el proceso de aprendizaje y no sólo por la retención memorística de lo que aparece en un libro que es plasmado en un papel aunque no signifique nada para el alumno.

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